Archivo de April, 2010

01.04.10

El jardinero

Publicado bajo Poemas y relatos a las 15:57 por Patrick Tamellini

Hace ya algún tiempo, en una de mis ahora ya no tan habituales salidas ciclistas, mi ruta pasaba siempre por un prado lleno de flores.

Había muchas, de hecho sigue habiéndolas, y una era mas linda que la otra. Las podía encontar con grandes pétalos muy voluptuosas y sugerentes, otras pequeñítas, casi minimalistas pero con un encanto indiscutible, otras espigadas y altas con cierto aire de superioridad pero igual de interesantes. La variedad era increíble.

No obstante, de aquel prado, había una que me llamaba más la atención que ninguna otra. Me podía pasar horas contemplándola. Yo no conseguía entender sus particularidades. Era, era, era… especial, diferente. Con su simple presencia mi espíritu se teñía de una sensación de dicha indescriptible.

Acabé por tomar la bici cada vez mas temprano y regresar mas tarde. Estando allí, absorto, admirándola, las horas se convertían en minutos y estos en segundos. Cuando llegaba a casa, justo al revés. Las noches se hacían eternas y el manto de la desolación lo cubría todo.

En una de esas duemevelas elucubré un plan maestro: iba a ser feliz siempre y para siempre. Con las primeras luces del día cogí los materiales según guión y pedaleé como no lo había hecho nunca. Furiosamente. Casi demencialmente.

Una vez en el prado extraje de mi mochila un pequeño recipiente de barro hermosísimanente decorado, una bolsa con tierra de la mejor calidad y algo de abono para enriquecerla aún mas. Con extremo cuidado corté la flor y la deposité en su nueva morada. Recogí los trastos y regresé a casa a la misma cadencia feroz de la ida.

Extenuado y exitado a partes iguales, coloqué la maceta en un rinconcito soleado y a la vez fresco, fuera del alcance del viento, donde además se disfrutaba de una preciosa vista al mar. Allí estaba mi flor aún mas hermosa que el primer día que la vi.

Mi plan fructificaba. No habría mas noches de insomnio e insastisfacción.

Poco a poco las emociones del día fueron cobrando su peaje en mi cuerpo. Mis párpados, aún a pesar de mi lucha titánica, se iban cerrando. Entre cabezada y cabezada la podía ver. Me sentía feliz. Feliz como nunca lo había sido. Finalmente, el sueño me venció.

Cuando los primeros rayos de sol inundaban mi habitaciónl, abrí lentamente mis ojos. Como una oleada, los acontecimientos del día anterior se agolparon en mi mente. Sonreí y me incorporé para dar rienda suelta a mi felicidad. Miré hacia el pequeño altar pero no podía verla. ¡No estaba!. Sobresaltado, mi corazón tomó un ritmo loco, endiablado. Dando un brinco me acerqué a la maceta y pude contemplar cuan loco había sido mi plan. Allí estaba la mas hermosa de las flores completamente marchita.